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viernes, 1 de marzo de 2013

Relanzamiento del desarrollo guiado por el estado en sudamérica


¿Los gobiernos de izquierda sudamericanos tienen realmente proyectos revolucionarios anticapitalistas?, o, ¿actúan dentro del capitalismo realizando reformas dirigidas a mejorar básicamente la redistribución de ingresos? En el presente texto vamos resumir comparativamente las políticas para el desarrollo que han implementado los gobiernos progresistas de Bolivia, Ecuador, Venezuela y Brasil.

Comenzaremos observando a los países sudamericanos miembros del ALBA, un bloque regional que se define en oposición al sistema capitalista mundial y propone la construcción de alternativas soberanas de corte popular. Sin embargo, Pablo Stefanoni (2012) considera que las políticas públicas de Venezuela, Bolivia y Ecuador están más cerca de un buen capitalismo, que de un socialismo del siglo XXI. Reconoce que el dinamismo de estos procesos proviene de una nueva elite en el poder que procura la integración de una buena parte de la población que antes estuvo excluida o marginada. Asimismo, estos nuevos proyectos políticos tienen como característica común la construcción de un estado fuerte, un mejor manejo fiscal y la ampliación de las políticas sociales. Pero también comparten como peculiaridad económica, una fuerte generación de renta a partir de la extracción de hidrocarburos que, a su vez, es la principal fuente de ingresos para sus políticas redistributivas. Precisamente esta situación es uno de los principales obstáculos en la construcción de otro tipo de desarrollo, como por ejemplo el horizonte del ‘buen vivir’ o ‘vivir bien’ en Ecuador o Bolivia. Además, el autor advierte que la administración de la renta petrolera con fuerte regulación estatal puede generar políticas de corte autoritario.

Hugo Chávez representa un quiebre con el pasado político venezolano. Según Javier Corrales (2010), quien analiza las transformaciones políticas desde la sinuosa categoría de ‘autoritarismo competitivo’ (Levitsky y Way, 2006), en Venezuela han ocurrido cambios radicales en el funcionamiento de las instituciones liberales producto de decisiones que conducen a fortalecer el presidencialismo y limitan el espacio institucional de la oposición, a pesar de no haberse eliminado la competencia electoral. Pero al analizar las políticas económicas Corrales considera que los cambios son menores y representan cierta continuidad con los vicios del antiguo petro-estado venezolano, cuya abundancia de recursos limita la competitividad de otro tipo de industria. Es decir, se privilegia el control estatal sobre la economía y se fracasa en el intento de limitar las importaciones.  Pero en este marco también se destaca en Venezuela el desarrollo de importantes programas de asistencia social hacia los sectores más vulnerables.

La pregunta que surge en este contexto es, ¿cómo institucionalizar la redistribución de las rentas estatales sin depender de las fluctuaciones de los precios internacionales de los commodities? Stefanoni considera que si bien las políticas de Venezuela, Bolivia y Ecuador han significado interesantes respuestas posneoliberales, generan bastantes dudas sobre su sostenibilidad y peor aún que puedan ser consideradas poscapitalistas, como originalmente fueron formuladas. Aunque destaca que en el caso de Ecuador se viene trabajando en una economía del conocimiento en el largo plazo. Por cierto, en el caso ecuatoriano, que aplica sustitución selectiva de importaciones y desarrolla importantes obras pública de infrasestructura, el empleo empleo privado se ha fortalecido con la menor tasa de desempleo de América Latina.

En el caso de Bolivia, George Gray Molina (2009) explora la nueva institucionalidad que se viene construyendo. Se interroga, ¿cómo los actores sociales y estatales pueden resolver un conjunto de problemas complejos cuándo las elites bolivianas tienen una larga tradición de luchas individuales que ha generado un pluralismo institucional con poderes que se traslapan? La hibridez del estado boliviano genera peculiares características estructurales con múltiples agentes y aliados. Es más, los problemas se agudizaron con la descentralización de los 90s que provocó, a comienzos del siglo XXI, el fortalecimiento del discurso de líderes locales que interpelaron al gobierno central con demandas étnicas y particulares. Sin embargo, con la llegada al poder de Evo Morales se aprobó una nueva Constitución incorporó varias de las reivindicaciones históricas de los sectores populares marginalizados. Para Gray Molina el constitucionalismo popular, a pesar de sus limitaciones, ha mostrado un resultado interesante legitimando la pluralidad para evitar el desborde de la violencia en los conflictos, en una sociedad con una fuerte cultura de movilización. En este contexto se han desarrollado nuevas políticas de nacionalización que implica mayores aportes de empresas estratégicas al fisco o que se intervenga empresas anteriormente privatizadas que no cumplieron con sus planes de inversión.  Mientras tanto, las cifras macroeconómicas bolivianas lucen bastante saludables.

En este marco de nuevas políticas sudamericanas, el momento posliberal brasileño se inauguró con la presidencia de Lula, que retomó las antiguas políticas industriales y de comercio defendidas por la política internacional de Brasilia en los años 60s. Pedro da Motta (2009) considera que en esta ocasión el viejo paradigma ha sido combinado con una mayor integración a la economía mundial. Es decir, una singular combinación de promoción de exportaciones y proteccionismo. Si bien en la segunda mitad de los 90s se advirtió de la necesidad de atender al sector exportador con algunas políticas específicas, recién con la llegada de Lula se descartó por completo la posibilidad de negociar tratados de libre comercio como se había planteado la administración de Cardoso. Además planteó demandas firmes en la Organización Mundial de Comercio y priorizó las relaciones Sur-Sur bajo principios de reciprocidad económica e integración en proyectos de infraestructura. Contrario a lo que pensaban algunos liberales el peso de Brasil en la economía mundial se fortaleció y ha permitido dar legitimidad política del PT como organización de izquierda internacional.

A modo de conclusión, quizá los cambios para mejorar la capacidad hacia un desarrollo más amplio en Ecuador, Bolivia y Venezuela, con cierta similitud al estilo brasileño, sea posible luego de haberse producido cambios políticos para atender urgencias redistributivas, paralelamente al mejoramiento de la capacidad fiscal y fomentando la competitividad. Como diría Vivek Chibber, para el caso de ciertas economías asiáticas, los países que ingresan a una fase de desarrollo tardío necesitan crear un tipo de estado con adecuada capacidad de imponer disciplina a las empresas privadas acostumbradas a recibir beneficios estatales. Estamos hablando de una institucionalidad fuerte que paralelamente a la regulación del sector industrial, promueva su competitividad internacional. Es decir, una fuerte orientación a la colocación de sus productos en el mercado mundial, situación que los lleve a buscar constantes saltos tecnológicos y por tanto a incentivar el desarrollo de la ciencia y tecnología.  En caso contrario se repitirá lo que ha ocurrido, en diferentes periodos del siglo XX en la mayoría de países de América Latina. Una dedicación prioritaria a la economía extractivista con un excesivo proteccionismo a la burguesía nacional terminará desincentivando la competencia en el mercado internacional.

sábado, 16 de febrero de 2013

Ecuador: Correa quiebra clivajes regionales e ideológicos



Los politólogos ecuatorianos Simón Pachano y Santiago Basabe no comprenden cómo el presidente-candidato Rafael Correa puede sostener una alta intensión de voto. Las últimas encuestas publicadas lo sitúan con un promedio de 50% para los comicios de este domingo 17 de febrero. 

Según los sondeos Correa alcanzaría un resultado muy similar con el que ganó las elecciones en primera vuelta (51.9%) el año 2009. Para algunos analistas ese fue el mejor momento del presidente porque articulaba a gran parte de los sectores de la izquierda.

Sin embargo, repetir un resultado similar al del 2009 sería, para algunos, una situación muy inverosímil,  teniendo en cuenta que varias personas que lo acompañaron en la primera etapa de su gobierno lo han abandonado y se han convertido en opositores.

Desde esta perspectiva la competencia con otras candidaturas de izquierda, como la de Acosta y Wray, restaría votos a Correa.  En un análisis que divide el espectro de electores entre izquierda y derecha no habría espacio para que el candidato–presidente gane más votos con la promesa de profundizar la revolución ciudadana.  Además, intuyen que todo gobierno se deteriora de forma casi  natural con el paso del tiempo y que el voto indeciso o escondido iría en su mayoría al principal candidato opositor.

Esta argumentación ha sido rebatida por el politólogo Franklin Ramírez y se sustenta con datos de una reciente investigación del economista Carlos Larrea (UASB) y el Consejo Nacional Electoral sobre la evolución del voto de las elecciones ecuatorianas, durante la última década, con mapas geo-referenciales.    

Ramírez considera que si bien el porcentaje de votos que obtendrá Correa es similar al de las elecciones del 2009, la composición de los votantes ha cambiado.  Es decir, Acosta y Wray le pueden haber quitado un 5% de votantes de la izquierda más ecologista e indigenista.  Pero el presidente ha expandido su votación en diferentes sectores populares que en anteriores elecciones estaban con Noboa y en menor medida con Gutiérrez, candidatos populistas de derecha que en el actual proceso lucen disminuidos.

Esta lectura coincide con la tendencia de los datos observados en los mapas de Larrea sobre la votación de Correa en las elecciones presidenciales del 2006, 2009 y los resultados del referendo del 2011. En las imágenes se evidencia como los clivajes regionales, que hasta el 2006 diferenciaban la votación, se han ido difuminando.  

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En la primera elección Correa obtuvo sobre todo votos urbanos de las provincias de Pichincha, Azuay y El Oro.  Ese apoyo le permitió acceder a la segunda vuelta en segundo lugar, para luego derrotar a Noboa.








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En el 2009, que se definió en una sola vuelta, el voto correísta se extendió, además de las provincias del 2006, a Imbabura, Carchi, Santa Elena, Loja y parte de Guayas. 





 


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Uso de forma referencial el resultado de la pregunta 5 porque
se acerca al promedio alcanzado por el conjunto del referendo 


El referendo del 2011 se planteó como un plebiscito a favor o en contra de gobierno, con fuerzas muy similares a la actual configuración electoral.   Aquí el voto por el Sí fue alto en regiones que anteriormente no había logrado un apoyo fuerte, es decir, en casi toda la costa y en algunos sectores del nor-oriente.






Además, debemos considerar que si bien el voto por Correa en la sierra central  y en la amazonia no es mayoritario se nota una evolución en ascenso.  Su respaldo se ha extendido por el país rompiendo clivajes costa/sierra.  Igualmente, a pesar que los sectores más acomodados le han dado la espalda, ha ganado un fuerte respaldo del sector popular y el medio emergente. Esta situación se visualiza muy bien con el mapa de la votación por parroquias de Quito en el 2011.

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Los barrios más acomodados de Quito votaron mayoritariamente a favor del NO.
Uso la pregunta 5 por la misma razón expuesta en la anterior imagen.
Observando estas tendencias se comprende mejor el respaldo extendido que tiene el presidente Rafael Correa, en casi todo el Ecuador, como consecuencia de una serie de intensas políticas de inversión pública en infraestructura y temas sociales. El trabajo del gobierno central es palpable y está sustentado con un discurso de inclusión y de fuerte combate de la desigualdad, en el marco de un periodo de bonanza económica.  En este contexto el gobierno se ha ganado el apoyo mayoritario de la ciudadanía que rechaza las dispersas opciones opositoras.

ACTUALIZACIÓN
Correa ganó las elecciones presidenciales del 2013 con el 57%. Obtuvo el porcentaje más alto de todas las elecciones en la que ha participado. La única provincia en la que ganó un candidato opositor fue Napo, tierra natal de Lucio Gutiérrez.